Inmunoterapia

Hay tratamientos que utilizan las defensas naturales propias del organismo para combatir el cáncer. La inmunoterapia, también conocida como bioterapia o modificadores de la respuesta biológica, actúa sobre los leucocitos, la primera línea de defensa del organismo contra las enfermedades. Los leucocitos pueden ser estimulados de varias formas para potenciar la respuesta inmunitaria del organismo contra el cáncer, con pocos o nulos efectos sobre los tejidos sanos. La inmunoterapia también puede emplearse para reducir los efectos secundarios de otros tratamientos contra el cáncer.

 

Los efectos secundarios de las inmunoterapias son variables, pero la mayoría produce síntomas similares, como cansancio, sarpullido o hinchazón en el lugar de inyección y síntomas seudogripales como náuseas, diarrea y fiebre.

 

Existen cinco tipos generales de modificadores de la respuesta biológica. Pueden utilizarse solos o combinados entre sí o bien junto con otros tratamientos contra el cáncer.

 

Los interferones son un grupo de tres proteínas liberadas por los leucocitos en respuesta a los microorganismos invasores, con la misión de mejorar la reacción del sistema inmunitario contra el cáncer. El interferón alfa está aprobado para el tratamiento de algunos tipos de cáncer, como el melanoma y la leucemia mieloide crónica, pero se está estudiando para uso en otros cánceres.

 

Las interleucinas son proteínas que incrementan el crecimiento y la actividad de las células inmunitarias del organismo. Hasta ahora se han identificado diez interleucinas, pero la IL-2 está autorizada como tratamiento contra el cáncer, sobre todo en los cánceres renales y melanomas que han metastatizado (se han diseminado) a otras partes del cuerpo.

 

Los anticuerpos monoclonales se crean en el laboratorio fusionando dos tipos distintos de células. Se diseñan para atacar regiones específicas de la superficie de las células denominadas antígenas. Los antígenos ayudan a que el organismo identifique las células que son extrañas, como gérmenes o células cancerosas, y estimulan una respuesta inmunitaria. Los anticuerpos monoclonales se muestran prometedores como tratamiento del cáncer y como instrumento diagnóstico.

 

Las vacunas ayudan a que el organismo reconozca las células cancerosas y active el sistema inmunitario para que las destruya. Hay varios tipos de vacunas contra el cáncer. Algunas contienen células cancerosas que han sido destruidas con radiación para que no puedan producir tumores nuevos. Otras contienen antígenos producidos en el laboratorio diseñados para unirse a las células cancerosas. Las vacunas contra el cáncer se utilizan para ayudar a que el organismo rechace los tumores o evite que reaparezcan.

 

Los factores estimulantes de colonias (CSF) actúan en la médula ósea, donde se producen los eritrocitos, los leucocitos y las plaquetas. Los factores estimulantes de colonias aumentan la división de las células de la médula ósea, lo que refuerza el sistema inmunitario y permite que los pacientes resistan dosis más altas de quimioterápicos.